Hoy soy un escriba. Escribo y digo lo que pienso. No me atrevo a soñar que soy más que eso. Sin embargo, como anticipo a mis palabras, una pequeña voz me habla a manera de sensación ya conocida…
“Escribe algo interesante y los lectores te recibirán como ingenioso y dormirás bien sabiendo eso. Y tu mundo tendrá sentido cuando te lo mencionen."
“Escribe algo interesante y los lectores te recibirán como ingenioso y dormirás bien sabiendo eso. Y tu mundo tendrá sentido cuando te lo mencionen."
De pronto la voz y yo nos unimos en un ser indivisible. . .
" ¡QUÉ DICHA! Pero… ¿Qué debo escribir? ¡Yo hablando de temas triviales! ¿Por favor? Yo soy profundo (claro, yo sé lo que es ser profundo, sí, sí). Claro, yo soy consciente de lo que me rodea, analizo, concuerdo con mis ideales; siempre me expreso distinto: Mejor. Yo hablo y escribo de cosas profundas; sin embargo, es verdad que puedo criticar a los ‘encasillados’ muñecos de cuerda que se mueven por carriles construidos por intereses monetarios. La moda, las carreras, la música. Todo eso llega a la plebe y la domina. ¡Me dan asco! No me queda más remedio que renegar de ellos, criticarlos a más no poder y, en mi dicha, fumarme un cigarrillo, tomar un vino y hablar en voz natural, claro, casi sin ningún acento, del producto del pensamiento elaborado en una mente rebelde. AUTÉNTICA."
(Nadie lo dice, su cerebro no calcula las palabras; la oración no se crea nunca; pero está ahí: Soy un intelectual)”
Entonces, ya casi exhausta, la pequeña voz abandonó mi ser, y comprendí que todo en este caótico mundo se sistematiza, que la originalidad es un producto que se vende, se regala a algunos quizás. Entendí el mundo civilizado como un sistema embobador que reconoce dos tipos de habitantes.
El pequeño ingenuo acepta lo que le viene, lo que se le da; se convierte en un niño bueno, un niño malo, un romántico, un emo. No cabe duda de que es estúpido. Diez años más tarde abandonará esa función y adoptará otra, quizás más estúpida, y no será capaz de resolver la paradoja de que se encontró a sí mismo convirtiéndose en alguien más. Pero no es lo que más repudio. Esta clase de muñecos es hasta cierto punto (desde una perspectiva extraña) honesta, aunque desde ya la originalidad se vio ultrajada. Estos son los pequeños ingenuos.
Existe, sin embargo, una especie mucho más repudiable, abominable, odiosa y ridículamente vanidosa; seres cuya ingenuidad vive tan profundo suyo que tendrían que ser exorcizados. Y debo decir que presiento que pronto nos incluiremos al tratamiento. Aquellos ingenuos que ridiculizan a sus hermanos, observando su vida y burlándose de ella, regocijándose en su mierda, se han ver inteligentes, profundos o rebeldes; en cualquier caso, superiores. Sí, pero la originalidad también les llego embasada; se les entregó de un modo perversamente astuto. Quizás alguna insatisfacción, alguna desdicha o de repente una inadaptación. Sí, el sistema tiene su manera de reparar las cosas. Notó un peligro en ese espíritu “audaz” que empezó a criticar, a darse cuenta que podía ser él mismo. El sistema entiende claramente que la identidad produce el caos; tiende una trampa y te premia por eso: un pequeño consuelo a tu motivación de inadaptado. Te gusta, te sientes bien y quieres más, cuando de pronto el sistema te cambia los objetivos. Pero su labor es casi tan buena como perversa. Dejas de intentar ser tú mismo y ahora intentas ser único. ¡Qué cambio tan sutil!, y cuando aceptas el juego, saca el As de la manga. Con un pequeño artilugio se degeneran tus objetivos. Ahora deseas ser distinto: MEJOR. Opio que te dopa es la satisfacción que sientes. Has sido reinsertado como un grandioso miembro de la sociedad de ingenuos. Desde ese momento eres EL GRAN INGENUO. Tu función: Hacerte pasar por no-ingenuo, “entender” a tus hermanos ingenuos menores y en una oda a ti mismo castigarlos por lo que tú cometes en grado superlativo.
Un fenómeno particular de tu especie sucede cuando te afianzas a tu rol. Te vas llenando de actitudes ridículas: vistes diferente (mejor o peor pero siempre distintivamente), hablas muy bonito, fumas en grupo o para él, y claro está –caso clínico- QUIERES VIAJAR A PARÍS. Yo te veo a diario revolverte en tu miseria. Día a día caricaturizando otros inocentes que no merecen tal castigo. Día a día otros te acompañan, se disfrazan también de ropa y habla. Juntos son la orgía de la originalidad destruida a gran escala.
¡Pero atento compañero ingenuo! No debes de creer que esas actitudes se nos confirieron sin motivo; no pienses que son en vano. No lo son. Tienen un fin macabro, en verdad aberrante.Es que cuando tu pequeña voz se canse, y puedas por fin darte cuenta de lo ridículos que parecemos tú y yo (en especial yo), veremos en esos grandes ingenuos que nos rodean, las ropas, costumbres y vicios de aquellos no-ingenuos que lograron vencer el sistema. Estos héroes que fumaban, vivían y se destruían en calles parisinas sin plagiar su vida de nadie. Veremos pues sus ropajes vestidos en un decrépito cuerpo, y los miembros de este cuerpo clavados en una cruz que paraliza su maldito proceder. En esa figura estática, el bufón, intencional imitación de un ser libre, sonríe estúpidamente a los que lo miramos con repudio. Humillando en esa escena a todo lo que admiramos.
Y en frente de la pose, la cruz del verdadero no-ingenuo, quizás nos veremos, derrotados. . .
(Nadie lo dice, su cerebro no calcula las palabras; la oración no se crea nunca; pero está ahí: Soy un intelectual)”
Entonces, ya casi exhausta, la pequeña voz abandonó mi ser, y comprendí que todo en este caótico mundo se sistematiza, que la originalidad es un producto que se vende, se regala a algunos quizás. Entendí el mundo civilizado como un sistema embobador que reconoce dos tipos de habitantes.
El pequeño ingenuo acepta lo que le viene, lo que se le da; se convierte en un niño bueno, un niño malo, un romántico, un emo. No cabe duda de que es estúpido. Diez años más tarde abandonará esa función y adoptará otra, quizás más estúpida, y no será capaz de resolver la paradoja de que se encontró a sí mismo convirtiéndose en alguien más. Pero no es lo que más repudio. Esta clase de muñecos es hasta cierto punto (desde una perspectiva extraña) honesta, aunque desde ya la originalidad se vio ultrajada. Estos son los pequeños ingenuos.
Existe, sin embargo, una especie mucho más repudiable, abominable, odiosa y ridículamente vanidosa; seres cuya ingenuidad vive tan profundo suyo que tendrían que ser exorcizados. Y debo decir que presiento que pronto nos incluiremos al tratamiento. Aquellos ingenuos que ridiculizan a sus hermanos, observando su vida y burlándose de ella, regocijándose en su mierda, se han ver inteligentes, profundos o rebeldes; en cualquier caso, superiores. Sí, pero la originalidad también les llego embasada; se les entregó de un modo perversamente astuto. Quizás alguna insatisfacción, alguna desdicha o de repente una inadaptación. Sí, el sistema tiene su manera de reparar las cosas. Notó un peligro en ese espíritu “audaz” que empezó a criticar, a darse cuenta que podía ser él mismo. El sistema entiende claramente que la identidad produce el caos; tiende una trampa y te premia por eso: un pequeño consuelo a tu motivación de inadaptado. Te gusta, te sientes bien y quieres más, cuando de pronto el sistema te cambia los objetivos. Pero su labor es casi tan buena como perversa. Dejas de intentar ser tú mismo y ahora intentas ser único. ¡Qué cambio tan sutil!, y cuando aceptas el juego, saca el As de la manga. Con un pequeño artilugio se degeneran tus objetivos. Ahora deseas ser distinto: MEJOR. Opio que te dopa es la satisfacción que sientes. Has sido reinsertado como un grandioso miembro de la sociedad de ingenuos. Desde ese momento eres EL GRAN INGENUO. Tu función: Hacerte pasar por no-ingenuo, “entender” a tus hermanos ingenuos menores y en una oda a ti mismo castigarlos por lo que tú cometes en grado superlativo.
Un fenómeno particular de tu especie sucede cuando te afianzas a tu rol. Te vas llenando de actitudes ridículas: vistes diferente (mejor o peor pero siempre distintivamente), hablas muy bonito, fumas en grupo o para él, y claro está –caso clínico- QUIERES VIAJAR A PARÍS. Yo te veo a diario revolverte en tu miseria. Día a día caricaturizando otros inocentes que no merecen tal castigo. Día a día otros te acompañan, se disfrazan también de ropa y habla. Juntos son la orgía de la originalidad destruida a gran escala.
¡Pero atento compañero ingenuo! No debes de creer que esas actitudes se nos confirieron sin motivo; no pienses que son en vano. No lo son. Tienen un fin macabro, en verdad aberrante.Es que cuando tu pequeña voz se canse, y puedas por fin darte cuenta de lo ridículos que parecemos tú y yo (en especial yo), veremos en esos grandes ingenuos que nos rodean, las ropas, costumbres y vicios de aquellos no-ingenuos que lograron vencer el sistema. Estos héroes que fumaban, vivían y se destruían en calles parisinas sin plagiar su vida de nadie. Veremos pues sus ropajes vestidos en un decrépito cuerpo, y los miembros de este cuerpo clavados en una cruz que paraliza su maldito proceder. En esa figura estática, el bufón, intencional imitación de un ser libre, sonríe estúpidamente a los que lo miramos con repudio. Humillando en esa escena a todo lo que admiramos.
Y en frente de la pose, la cruz del verdadero no-ingenuo, quizás nos veremos, derrotados. . .
XD , stuvo bien loco, eso d la "pequeña voz" a algunos nos ha tocado sentirla.
ResponderEliminardarse cuenta de eso es para maricas!
ResponderEliminarjajaja..el cliché parisino, el cigarrito, la chalina,y el infaltable cafe cargado la pose de intelectual...en que comento te das cuenta que desastrosamenete, "la pequeña voz" no solo es tu pequeña voz, sino que tambien la de muchos otros, que en el caso de lo intelectuales de carpeta, tambien le ha tocado escuchar a tu compañero de pupitre, claro tu nunca dices "la pequeña voz" es mia, solo mia.. lo sobreentiendes...q dolor cuando la pequeña voz esta en casi toda la facultad, donde están los únicos...¿donde estan los intelectuales "no ingenuos-superiores"?
ResponderEliminarQué estaba haciendo yo en ese año?... Estaba cursando mi sexto ciclo de Universidad, a punta de "reus" y cigarros... Qué hubiera pasado si nos hubiesemos conocido ese año? :)
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